Toda Política (de la Oposición) es Local
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Hay buenas noticias para los estadounidenses que creen en un gobierno federal más pequeño: la ley de consecuencias no intencionadas se hace presente en la era Obama.
Tomen a la asistencia de salud como ejemplo. La consecuencia intencionada de la campaña por la reforma de salud demócrata, ha sido expandir al gobierno a la parte más íntima e importante de nuestras vidas.
Pero la consecuencia no intencionada ha sido alejar a más estadounidenses de la idea de asistencia de salud gubernamental, hacia la responsabilidad individual. Los últimos resultados de las encuestas de Gallup muestran un dato impresionante: el 22% de estadounidenses ha cambiado de opinión. Ese porcentaje pasó de creer que el gobierno es responsable de la asistencia de salud, a creer que los individuos son los responsables.
Como si fuera poco, este cambio en contra de la asistencia de salud gubernamental en realidad ha sido inducido por la campaña a favor. En el 2006, el 69% de estadounidenses creía que el gobierno era responsable de la asistencia salud. El día de hoy, ese número es 47.
La no intencionada pero creciente reacción en contra del gobierno grande y centralizado, no solo se limita a la asistencia de salud, y no solo se limita a Washington.
La semana pasada en Baton Rouge, Luisiana los votantes rechazaron por un amplio margen un aumento de impuestos dirigido a cubrir más gastos de la ciudad. Todo el establecimiento demócrata, los medios y el establecimiento empresarial, intentaron vender los impuestos más altos como esperanza y cambio para Baton Rouge, pero los votantes no se lo creyeron. En parte gracias a una campaña opositora montada por la Baton Rouge Tea Party, 64% de los votantes rechazaron los nuevos impuestos.
Esto viene justo después del histórico rechazo a más impuestos y más gobierno que los votantes de California mostraron este año. En un estado que le dio a Obama un margen de victoria de 24 puntos en el 2008, en mayo los votantes rechazaron una serie de medidas relacionadas con impuestos y gastos por mayorías de +63%. Otra iniciativa que limitaría los salarios de los oficiales elegidos en tiempos de déficit, se aprobó con 74% de los votos.
Sumen todo esto y podemos ver que el pueblo americano está mandando un fuerte mensaje:
En un tiempo en que los políticos nos dicen que solo el gobierno puede resolver nuestros problemas – un tiempo en que el gobierno mismo parece ser la circunscripción más importante de muchos políticos – los estadounidenses están diciendo “No”. No más. Están rechazando un gobierno grande, costoso y distante.
La alternativa a un gobierno grande no es no tener gobierno, como les harían creer los que critican a los conservadores que defienden los gobiernos pequeños. Es algo que cada vez más estadounidenses están llamando “localismo”.
Localismo es federalismo, pero con el beneficio de una dura experiencia. Los Fundadores de Estados Unidos establecieron el federalismo – creando un gobierno federal con poderes claramente definidos y por consiguiente constitucionalmente limitados, y reservando el resto del poder del gobierno para los estados y el pueblo – para maximizar la libertad individual y prevenir que un gobierno central cree para sí mismo poderes sobre la gente expandiéndose continuamente.
Pero al establecimiento político en Washington y a políticos desde Sacramento a Albany a Baton Rouge, no les gusta el federalismo. Han intentado venderle al pueblo estadounidense la idea de que los retos de hoy son muy complejos y muy apremiantes para que sean manejados por los estados o por la gente. Esos retos, nos aseguran, requieren un gobierno federal y estatal más grande y más costoso.
El localismo es una reacción directa a eso. Los últimos dos meses han visto el cambio más decisivo en generaciones, regresando a la visión estadounidense original de lo que es el rol del gobierno federal. Es un retorno al entendimiento constitucional de que los poderes que no pertenecen al gobierno federal deberán residir en los centros de responsabilidad más locales posibles.
En ocasiones esos son los estadounidenses y sus familias, otras veces son gobiernos locales o estatales.
En todos los casos, es un rechazo decisivo a la noción siendo empujada en Washington: que autogobernarse en el siglo 21 es algo demasiado complicado para dejárselo a al pueblo.
La ironía es que este gran despertar de responsabilidad local y personal se da en respuesta a una campaña concertada para convencernos de que la verdad es lo contrario: que la esperanza y el cambio que estamos esperando tiene que venir de políticos y gobiernos iluminados, no de nosotros.
El gobierno grande está siendo vendido en Washington como algo nuevo. Las consecuencias no intencionadas es que los estadounidenses están regresando a algo viejo: Gobierno de, por y para el pueblo.
Para leer este artículo en inglés, haz clic aquí.
Publicado en el Washington Examiner el 20 de noviembre de 2009.
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No pienso que nominar hispanos NO es lo mas importante en la politica, ya que si vemos el ejemplo de Alberto Gonzales, eso no quiere decir que van a ser personas integras solo por ser hispanos. Pero talves quisieran ver esto y agregarlo lo que dice Newtito aqui…
http://www.huffingtonpost.com/2009/12/21/obama-naming-hispanics-to_n_399799.html#