Cambio de chip
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Entre tanto ruido político que vivimos, viene bien volver a las ideas. A los conceptos desde los cuales creemos que se puede cambiar nuestra sociedad. Este viernes, en la “Universidad de la Libertad”, organizada por la Fundación Ecuador Libre, pudimos pensar sobre ideas que aquí cada día se escuchan menos. Ideas opuestas al absurdo socialismo que pretenden imponernos. Ideas de libertad.
Desde que asumió al poder, Rafael Correa ha monopolizado el discurso político e ideológico del país. Su constante y agobiante presencia en los medios de comunicación le ha permitido contagiar sus ideas repitiéndolas hasta el cansancio. Lo que dice Correa domina la agenda política. Las ideas de Correa se convierten en puntos de partida en toda discusión.
Y así, por ejemplo, Correa ha convencido al país que nuestros problemas son consecuencia de la “larga noche neoliberal” o el Consenso de Washington.
Pero el Consenso de Washington incluye diez políticas que no las cumplieron ninguno de los gobiernos anteriores: disciplina fiscal; reordenamiento de las prioridades del gasto público; reforma impositiva; liberalización de las tasas de interés; tasa de cambio competitiva; liberalización del comercio internacional; liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas; privatización; desregulación; derechos de propiedad. Nuestros gobiernos han tenido nada o poquísimo de liberales. Ni siquiera los que supuestamente eran de derecha practicaron, por ejemplo, disciplina fiscal o privatizaron las ineficientes empresas públicas.
Y es que, como lo analizaba Pablo Arosemena (Director Ejecutivo de Ecuador Libre) en su conferencia, incluso los partidos que en teoría son de derecha en este país, actúan y piensan en gran medida como de izquierda. Todos los partidos en el Ecuador dan prioridad a soluciones desde el Estado. Ninguno piensa en soluciones desde el mercado y en limitar la excesiva presencia del Estado.
Todos los políticos hablan de mejorar la seguridad social. Pocos o ninguno hablan de abrirla a la competencia con sistemas privados. Todos hablan de mejorar las escuelas. Pocos o ninguno hablan de permitir a las familias –a través de un bono educativo– escoger dónde matriculan a sus hijos, y de esta forma poner a competir a escuelas públicas, municipales, sin fines de lucro y privadas. Todos piden que el Estados construya, maneje, controle, administre. Pocos o ningún político piden que el Estado se haga a un lado y simplemente nos permita a los individuos construir, manejar, administrar en un ambiente de libertad y reglas claras.
El debate político se enfoca en el manejo desde el Estado y excluye al mercado. Las sociedades más abiertas, en las que el mercado funciona con mayor libertad, son las más desarrolladas. Pero este Gobierno insiste en un socialismo probadamente fracasado, con un Estado ocupando todos los ámbitos y cerrando espacios al libre mercado. Y el debate nacional se pierde entre matices de recetas estatistas.
Lástima que Correa en sus épocas universitarias no haya escuchado otras ideas. O si las escuchó, no puso atención. Hoy, las ideas de Correa ganan demasiado espacio en este país. Y todos pagamos las consecuencias. Debemos evitar que las nuevas generaciones se contagien. Estamos a tiempo de cambiarles y cambiarnos de la cabeza el chip del socialismo fracasado que este Gobierno ha instalado, por el chip del emprendimiento, el mercado, las oportunidades. El chip de la libertad. De lo contrario, seguiremos comprando cuentos rojos.
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